El talento creativo de los seres humanos

Por: Magister José Luis Luna Matailo

¿Cuántas veces has pensado que la música es algo que solo está destinado para quienes tienen talento o son virtuosos?

En este artículo se establecen algunos puntos que nos ayudarán a comprender, porque la música es un bien inmaterial primordial en la vida y salud de todo ser humano.

Seguramente muchas veces has escuchado que la música es la mayor expresión del ser humano y como compositor e intérprete creo en la veracidad de esta premisa. Pero mi obligación como pedagogo, y a lo largo de estos años, ha sido encontrar aquel factor común que hace del arte musical una expresión universal. Cabe entonces plantear una pregunta que puede ser verdaderamente incómoda para algunos sectores tradicionales del ámbito musical.

¿Es la música un arte exclusivo para quienes tienen talento?

Mi experiencia como profesor e investigador por más de 15 años, me ha permitido responder de manera categórica que NO. La música no es un arte que esta reservado únicamente para quienes tienen talento, sino todo lo contrario, el ser humano nace y posee su propia musicalidad desde el momento mismo de su concepción vital. Pero antes de llegar a explicar de manera detallada esta idea, analicemos lo siguiente,

¿Qué es el talento?

La definición más común que podemos encontrar en cualquier libro de análisis y gestión del talento humano, refiere a aquellas personas de «considerables aptitudes espaciales, figurativas y creativas» pero ¿no es acaso esta definición ambigua y razonablemente aplicable a todos los seres humanos, sin distinción alguna?

Debemos entonces indagar un poco más allá y preguntarnos si la definición de talento artístico, ha servido a lo largo de la historia, como una herramienta de división social, donde la mayoría de las personas fueron excluidas de los beneficios de interactuar con las artes. Por ello, creo que es muy peligroso usar la palabra talento para determinar quienes pueden interactuar y quienes no con la práctica artística. Además de todo esto, debemos reconocer que los factores sociales, económicos y culturales, influyen de manera directa en el empoderamiento de las artes como herramienta de desarrollo individual y colectivo.

Uno de los factores más trascendentes al momento de definir el talento artístico, se basa en la obtención de resultados. Por ejemplo, un niño que a los 6 años puede tocar una obra de Mozart es considerado socialmente como una persona talentosa. Pero este sesgo guarda un engaño y una trampa, que muy poca gente ha cuestionado. Para empezar debemos comprender y analizar el precio del denominado talento artístico a temprana edad.

¿Cuál es el precio del talento?

Existe un alto precio que conlleva el hecho de que un niño de 6 años tenga la destreza musical para interpretar música clásica o cualquier otro tipo de música que implique la práctica metódica. El primer factor es el nivel de stress al cual debe ser sometido el alumno para conseguir dicho nivel musical. Un niño tiene por sobre todas las cosas derecho a ser niño y esto implica el tiempo que emplea para aprender sobre el mundo que lo rodea. La forma natural en que un niño descubre el mundo es a través del juego y si ese factor es intercambiado por las largas jornadas de estudio musical, estamos sacrificando un componente del desarrollo personal, que no sucede dos veces en la vida.

Y es precisamente aquí donde inicia el sesgo sobre quienes deben y no, disfrutar del arte musical. Para el pensamiento tradicional no importa que el niño no se divierta con la música, ya que lo importante para esta línea educativa conservadora es la capacidad repetitiva que puede alcanzar el alumno y además está implícito que dichos logros son doblemente valorados, si son obtenidos en el menor tiempo posible. Es decir, no solo se sacrifica una infancia feliz, sino que se condena al alumno a entender a la música como el mero acto repetitivo y competitivo, haciéndolo creer falsamente que sus logros se basan en la capacidad de memorizar el mayor número de notas musicales, en el menor tiempo posible. Pero en la actualidad (año 2022) ¿Es práctico el postulado educativo, que premia únicamente a quienes pueden seguir los dogmas sin cuestionarlos?

El futuro es hoy.

Es innegable que en la actualidad y en un futuro cercano, toda persona que posea una alta dosis de creatividad en sus labores diarias, tendrá mejores oportunidades de establecer un amplio panorama personal y laboral. Pero, ¿Dónde debe comenzar la creatividad?

El acto creativo es innato al ser humano y por lo tanto no existe resistencia alguna cuando se implementa la creatividad en la educación diaria. Como padre he podido observar y valorar la curiosidad que mi hijo de 7 años tiene por la exploración del sonido. Pero esta exploración no esta dispuesta bajo reglas fijas o métodos de estudio, ya que su curiosidad implica el uso de la creatividad en todo momento. Por ejemplo, si mi hijo observa como resuenan las cuerdas de una guitarra y combina las distintas posibilidades que tiene el instrumento, sin una regla fija, su cerebro entiende que su experimentación sonora va por buen camino. Esta exploración puede llevar la creatividad del niño por distintos ejes de acción como: la intensidad al momento de pulsar las cuerdas o la armonía de las mismas. Pensemos por un momento que a mi hijo se le ocurre la idea de indagar como reaccionan las cuerdas de la guitarra al ser frotadas por una tela, este acto que a la mirada de la escuela tradicional sería casi un sacrilegio hacia el instrumento, desde la óptica de una pedagogía creativa, es el acto supremo que demuestra que todo niño esta en posesión de una alta gama de posibilidades innovadoras y que la frontera que divide a las personas con y sin talento artístico, simplemente no existe.

Este es el punto más importante que debemos tomar en cuenta al momento de analizar el porque las artes y en especial la música, son una herramienta fundamental al momento de establecer el desarrollo intelectual y cognitivo de nuestros niños. Si comprendemos este precepto básico de la educación creativa, podremos romper de manera inmediata, el sesgo ficticio que ha sido creado en torno a lo que denominan talento artístico.

Si aun no estas convencido del todo, te voy a llevar a una pregunta fundamental que debes responder desde el corazón.

¿Qué prefieres para tu hijo?

Esta pregunta debe ser respondida desde la experiencia y el recuerdo personal, y es que la gran mayoría de personas que vivimos en la actualidad, fuimos educados bajo un sistema conductista, donde la verdad provenía siempre del otro, sea este el maestro o el adulto. Pero ¿Cuáles han sido los resultados?

Uno de los factores que mas agobia a la sociedad actual, es el desasosiego por cumplir con trabajos que no fueron elegidos por voluntad propia, sino por una invisible presión social y familiar, que lleva a la mayoría de las personas a verse envueltos en una competitividad que a la larga, termina siendo su propia cárcel mental.

Si te identificas con este sentimiento, entonces ¿Porqué desearle el mismo destino infeliz a tus hijos?

Una de las mejores maneras para evitar que tus hijos tomen malas decisiones sobre su futuro, es creer en ellos y en su capacidad para interpretar el mundo a su manera. Este acto, por sencillo que parezca, revelará en ellos un sentimiento de confianza plena en su intuición y por ende llevará a buen recaudo, su talento creativo.

Queda claro entonces que el mundo necesita de personas creativas, pero esta creatividad solo puede ser desarrollada, si revemos algunos principios sociales que se han establecido a lo largo de la historia. Y con esto, no estamos en contra de la buena música creada por quienes en su momento histórico lo asumieron como su rol. Pero no podemos vivir en la historia y creer que el mundo del mañana no necesita personas empoderadas de su talento creativo. Si ciertas fronteras conceptuales fueron levantadas para excluir a las personas de los beneficios que conlleva la práctica artística, tenemos en nuestras manos la oportunidad de revertir dichas fronteras y aspirar a un mundo mejor para nuestros hijos.

Si no permitimos que la curiosidad, que es la precursora de la creatividad, se apague en la vida de nuestros niños y la fomentamos, estaremos alcanzando un nuevo peldaño en la consecución de un mundo mejor.

Olvídate de aquellas frases que te repetían hasta el cansancio como: «tu no tienes talento para tal o cual cosa» y desde hoy pon en tu mente la simple, pero poderosa idea de que el talento creativo lo llevamos todos los seres humanos desde el momento mismo en que nacemos. No olvides tampoco que la música requiere tres ejes para ser considerada como tal: armonía, melodía y ritmo. Ahora viaja conmigo al increíble mundo donde descubriéremos que el ser humano en su esencia, es música. Seguramente tu primera impresión será algo escéptica, pero acompáñame y develemos el misterio.

El ritmo que es inherente a la música también lo es en el ser humano. Acerca tu mano al corazón, cierra los ojos y siente como un latido de vida te recuerda que somos ritmo vital constante. ¿Lo has notado? el primer elemento que requiere la música, estuvo dentro de nosotros desde siempre.

La melodía también es un elemento que todos los seres humanos lo llevamos de forma natural. Una vez más cierra los ojos y habla, no importa si lo haces de manera silenciosa o gritando, notarás como tu voz emite una melodía única e irrepetible. Por lo tanto el segundo elemento que tiene la música, también lo poseemos los seres humanos.

Finalmente la armonía, que en la teoría musical es la conjunción de varias voces, también nos es inherente al momento en que varias personas intercambian un diálogo. Con nuestra voz poseemos un timbre fonético único con el cual nos comunicamos y al establecer conjuntos de voces que se intercalan en una conversación, estamos provocando nada mas y nada menos que el tercer elemento que posee la música. Por lo tanto el ser humano no puede estar exento de ser y hacer música. Olvídate de aquellas viejas costumbres que por muchos años te hicieron creer, que si no llegabas a interpretar a Bach, Beethoven u otro maestro clásico, estabas desprovisto de talento y despierta a una nueva concepción del arte musical. Tu eres dueño de tu propia música y esa música nunca será mejor ni peor que otra, tan solo será tu forma de expresión sonora. Una, que además recoge tus experiencias y expectativas sobre el mundo que te rodea y eso no tiene precio. Atrévete y cántale al mundo tu historia.

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